miércoles, 27 de abril de 2016

LA SIEGA

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PROTECCIONES DE LA SIEGA, DEDILES Y ZOCAS

EXPLICADA TODA LA FAENA


Si por tiempo no perder, No era preciso algún día Venir al pueblo a comer. La comida era abundante Y de buena calidad, No podía ser por menos Con tamaña actividad. Cuando se llegaba al “tajo”, Lo primero que se hacía Era montar la ropera Donde más frescura había. Si no había manantial Allí, el ascal húmedo era, * Tapado con una manta, Lo que hacía de fresquera. Si había algún manantial, Del niño era función Ir a por agua a la fuente Y “enfrescar” el garrafón. Abría el corte el más rápido, Veloz cortaba la mies Que iba cayendo en manadas Muy cerquita de sus pies. Hoces de acero afilado, Las zoquetas de madera, Manguito de tela fuerte Y de cuero el dedil era. Con estos cuatro instrumentos Catorce horas trabajaban, Con un poco de destreza Casi nunca se cortaban. Con el dedil en el índice, Tres dedos en la zoqueta, La mano izquierda quedaba Muy segura y coqueta. Iba en el brazo derecho Un manguito protector Para que no hiciera daño El cereal al segador. Para salir a segar Se tenía por costumbre Llevar un botijo de agua, De vino más de un azumbre. Esta ración se doblaba, 

LA SIEGA

En épocas no lejanas, Cuando abundancia no había, Más que un puñado de oro, Uno de trigo valía. Por eso se permitía En parcela ajena entrar Para coger las espigas Que quedaron al segar. A la labor de espigar Tanta importancia se daba, Que pastar no se podía El tiempo que ella duraba. Acabada esta tarea, Las hacinas en la eras, El jefe de la Hermandad * Abría las rastrojeras. El alguacil pregonando Al pueblo hacía saber Que los ganados podían Ya en los rastrojos pacer.Hago referencia a mi pueblo donde había pocos tractores y la mayoría de labradores poseía sólo dos mulos. 

ESPIGAR


Por delante y por detrás, Por afuera y por dentro. Para traer el galumbo Sin novedad a la era, Había que ser, sin duda, Un conductor de primera. Hacía a todos reír Un viaje despendolado, De ahí, del que está “mal hecho”, Se dice: Está “es galumbado” Cuando no había tractores, Por costumbre se acarreaba Gran parte de la cosecha Y en las eras se hacinaba. Tener sombra hasta el final Con esto se conseguía, Además poder trillar, Acarreando un viaje al día. A las cinco casi siempre Se solían levantar Para llegar con el viaje Antes de entrar a trillar. Delfín Cerezo Cámara Se limpiaban bien las eras, Al acabarse la siega, Para poder continuar Con la labor veraniega. Antes de ir a acarrear Acudían los vecinos, En prestación personal A bachear los caminos. Las redes o las estacas Se ponían en los carros. También se untaban los ejes Y se limpiaba de barros. Unas sogas de cáñamo Con una buena lazada Servían para llevar La carga muy bien atada. Con haces o con morenas Cargar un carro de mies Requería una pericia De la cabeza a los pies. Se buscaba el epicentro Para lograr equilibrio 

EL ACARREO

Acarreo de la mies a las eras, del carro al remolque y de las mulas al tractor



Los llamados tentemozos, Cuatro palos alargados, Libran del peso a los mulos Cuando éstos están parados. Dos de ellos van en la zaga Con una cadena atados. Los otros dos, en las varas De unas argollas colgados. Con unas chapas de hierro Las varas están forradas. Son gruesas atrás; delante, Más finas y redondeadas. Las argollas, un estribo, Tentemozos, salvavidas, Penden todos de las varas, Por cierto, muy bien pulidas. Planos y muy resistentes, Dos salvavidas de “facto”, Si es que la bestia abocina, Soportan un gran impacto. De la zaga también cuelga Un tentemozo prudente, Se llama moza y no deja Pingarse el carro en pendiente. De la barandilla izquierda Cuelga presto el asidero A ayudar con el estribo A subirse al carretero. Las argollas de las varas, Lo diré en un periquete, Nos sirven para enganchar En su lado un francalete. Como medio de transporte El carro común servía, Tanto para trabajar, Como para romería. El de lanza y el de varas Eran las dos variedades. Cada cual los elegía Según sus necesidades Son en el carro de varas Sus partes fundamentales La caja, varas y ruedas Con piezas adicionales. Seis garroteras conforman, Tres en cada lateral, La estructura de la caja. Su papel, elemental. Bien sujetos a las varas Están estos seis barrotes. Soportan las barandillas Ensambladas con palotes. Con unas tranquillas van A los palotes sujetos Un tapial a cada lado Para no perder objetos. También hay dos tapialejas, Una atrás y otra delante. La de atrás era inferior, La delantera, elegante. La parte trasera acaba En una tabla, la zaga. Al lado izquierdo, la galga, Máquina de freno, maga. CARRO DE VARAS Unos tacos de madera Frenan convenientemente Las ruedas, cuando la galga Se activa en una pendiente.

Albardas y útiles para enganchar un carro de varas

ARREOS DE LAS CABALLERÍAS 

Barriguera: Correa que pasaba por debajo de la barriga de la caballería y llegaba hasta las varas del carro Bozal: Especie de semiesfera de alambre entretejida que se colocaba en el morro de la caballería para impedir que ésta comiera mies o hierba a destiempo. Bridón: Cabezada que llevaba una especie de anteojeras para que no pudieran mirar los animales ni para atrás ni para los lados. Cabezada: Correaje que ceñía la cabeza de una caballería. Cabresto: Ramal que se ataba a la cabeza de la caballería para dirigirla o sujetarla. Campanillas: Sarta de varias campanillas que se colocaban alrededor del cuello de los machos. Iban unidas al bridón y al producir un ruido sonoro y armonioso estimulaba a las bestias y hacía que andasen más de deprisa. Cincha: Arreo de lona que pasaba por debajo de la barriga del animal y sujetaba la manta y la silla. Collera.: Es una almohadilla de cuero rellena de paja, con forma de collar abierto en su parte inferior, para poder colocarla y quitarla a las mulas con facilidad. Arriba tiene un saliente cónico, en dirección a la cabeza de la mula y, bajo él, una pieza almohadillada que descansa directamente en el cuello, sobre la que se coloca el horcate o el yugo, que son yugulares. La collera permite aprovechar la fuerza que el animal hace con las espaldillas y la transmite a las costillas del yugo que van pegadas a ella. El horcate presenta ganchos, anillas o agujeros, situados para enganchar los tirantes. Completan el arnés una sufra sujeta con otras dos correas llamadas caídas. Collerón: Collera de mejor calidad y con más adornos, que no llevaba “picurucho”, y que se sujetaba al cuello del animal mediante dos correas en su parte superior. Comedero: Especie de talega corta, de lona, en la que se llevaba el pienso de los animales y que a la hora de comer, se les descolgaba al cuello haciendo la función de pesebre.


LA Se preparaba la torna Tendiendo en círculo haces Con elegancia y sin sorna. A desatar los vencejos Los chiquillos ayudaban, La mujer hacía el almuerzo, Los fuertes “ex balagaban”. Cuando las bestias y humanos Terminaban de almorzar, Sería sobre las nueve, Comenzaban a trillar. Pieza de suma importancia Era pues el dentejón, De ahí tiraban las bestias Con balancín o barzón. Si se utilizaba el ubio Enganchaban el barzón; Si se uncía con tirantes, El balancín, con razón. La madrina era una tabla De aspecto rectangular, Perforada en los extremos. Se solía colocar Horcas de dos o más gajos, Palas también de madera, Trillo, rastrillas, escobas No faltaban en la era. Había más utensilios: El rastro grande, el barzón, El balancín, la madrina, Tornadoras, dentejón… La tralla, el taburete La botija y el porrón, Metido en agua fresquita, Beberlo era bendición. De Cantalejo venían Los trilleros a empedrar Con destreza nuestros trillos, Si empezaban a fallar. Los miembros de la familia, Pequeña o grande que fuera, Hacían cuanto podían En el tiempo de la era. Más o menos a las ocho LA TRILLA Ventear

O tener gran corpulencia. Siempre bien equilibrada, Cribas a favor del viento, Se ponía a funcionar Aquel genial instrumento. La potencia del motor O de los brazos movía Unas potentes aletas Que dentro del bombo había. Esta potencia movía El cajón, donde certero Iba el tenedor con cribas, “Espajador” y el harnero. Desde la parva a la tolva La bielda iba sin parar Alimentado la boca Que no deja de tragar. Por delante cae el grano Y la paja por detrás; Por un lateral, la granza * Y al infierno lo demás. ** Limpio de toda impureza El grano debía estar; Como todo el mundo sabe, Sea de clase alta o baja, Beldar era separa El grano de la vil paja. Con bieldo o beldadoras A zanca o con motor, Este trabajo era duro, Duro, duro, sí, señor. Por eso, antes de empezar, Acumulaba la gente Energías con galletas, Vino dulce y aguardiente. Para beldar con bieldo Se requería un buen arte: Lanzar al viento y dejar El grano y la paja aparte. Con cribas y con harneros Lo dejaban sin mancilla Al preciado cereal Las mujeres de Tubilla. Al beldar con beldadora Se requería potencia: Poseer un buen motor LA BIELDA MAQUINA DE LIMPIAR Y CRIBAS


Envidiando la suerte del cochino el asno maldecía su destino. “Yo, decía, trabajo y como paja; él come harina, berza, y no trabaja; a mí me dan palos cada día; A él le rascan y halagan a porfía.” Así se lamentaba de su suerte.* * Pero luego que advierte que a la pocilga alguna gente avanza en guisa de matanza armada de cuchillo y de caldera y que con maña fiera dan al gordo cochino un fin sangriento dijo entre sí el jumento: Si en esto paran, el ocio y los regalos al trabajo me atengo, y a los palos.* TRILLA CON EL ÚLTIMO BURRO QUE QUEDABA
por Delfín Cerezo Cámara